Las sectas se globalizan mediante Internet

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¿Cuántas sectas hay, por tanto, en nuestro país, en nuestra provincia, en mi pueblo? La respuesta correcta es: miles. Porque aquí llega Internet, y la globalización no es una idea abstracta, sino una realidad concreta… Las sectas hurgan básicamente en las carencias de amor (afectividad) y de sentido (espiritualidad) que mucha gente puede tener, y en las que todos podemos caer en algún punto de nuestra vida.

 

 

Cuando hablamos del fenómeno sectario, ya no podemos cuantificarlo como hacíamos hasta ahora: en este país o en esta provincia hay tal cantidad de sectas. Vivimos en un mundo globalizado, y esto tiene consecuencias muy concretas en todos los aspectos de la vida, positivos y negativos.

 

Y se puede ilustrar con una historia tristemente conocida por casi todos en España, ya que ha salido una y otra vez en los medios de comunicación: la de Patricia Aguilar, una adolescente de Elche (Alicante), que, en enero de 2017, pocos días después de cumplir 18 años, se fue de la casa familiar y desapareció. Sus padres descubrieron, con mucho esfuerzo, que había sido captada y adoctrinada a través de las redes sociales de Internet –Facebook, en concreto– desde hacía dos años. Lo hizo un joven peruano que se autodenominaba Príncipe Gurdjieff, y que lideraba una minúscula secta en Lima… una secta que más bien parecía un harén, porque quería repoblar el mundo en un contexto apocalíptico inminente.

 

Los que nos dedicamos al fenómeno de las sectas, preguntados por ese personaje y su pequeño grupo, lo desconocíamos. ¡Hay miles de gurús, sectas y centros en todo el mundo! El dichoso Príncipe Gurdjieff había fundado un grupúsculo sectario escindido de las sectas gnósticas de las que él mismo formaba parte, y que lo expulsaron. Cuando los medios de comunicación españoles empezaron a divulgar que la joven Patricia, recién estrenada la mayoría de edad, había sido captada por un movimiento gnóstico… resulta que no era ninguno de los que están presentes en España (al menos siete, con más de 150 centros repartidos por toda la geografía nacional), sino un grupo desconocido en nuestro país.

 

Una secta situada a cerca de 10.000 kilómetros de distancia de Elche consiguió captar a la joven que después, de una temporada desaparecida junto con el líder sectario que la había convertido en una de sus “esposas”, el pasado verano fue rescatada gracias a la tenacidad de su familia. Su padre tuvo que viajar a Perú en dos ocasiones y, finalmente, logró dar con ella. El líder fue detenido y está a la espera de juicio en Lima. Mientras tanto, Patricia, que ha regresado con la bebé que tuvo con el gurú, se recupera junto a su familia, dispuesta a tener, ahora sí, una nueva vida.

 

¿Cuántas sectas hay, por tanto, en nuestro país, en nuestra provincia, en mi pueblo? La respuesta correcta es: miles. Porque aquí llega Internet, y la globalización no es una idea abstracta, sino una realidad concreta. Si no, que se lo digan a los padres de Patricia, que hasta han viajado a Perú con vistas a agilizar denuncias e investigaciones. Esto no es una llamada al pánico ni a la alarma, sino a la precaución. Y no sólo con niños, adolescentes y jóvenes, sino con todos. Porque las sectas aprovechan cualquier momento de debilidad para “atacarnos” por donde somos vulnerables. Para Patricia fue haber vivido la muerte de un tío suyo muy joven. Además, las sectas hurgan básicamente en las carencias de amor (afectividad) y de sentido (espiritualidad) que mucha gente puede tener, y en las que todos podemos caer en algún punto de nuestra vida.

 

Internet en general y las redes sociales en particular se han convertido en un espacio propicio para la captación sectaria. Lo que en los inicios del ciberespacio constituía un escaparate ideal para todo tipo de grupos, que con poco dinero y esfuerzo podían llegar a un público más amplio, ahora se ha desbordado por varias razones. Entre ellas, destaca la transformación de Internet en un espacio virtual en el que mucha gente vive, se informa, comparte, teje relaciones… mira y entiende el mundo. Junto a esto, el juego de mentiras, medias verdades y “posverdades”, con la crisis de la confianza en las instituciones y en lo tradicional, producen una mezcla explosiva para la difusión de sectas, esoterismo, New Age, pseudoterapias espirituales… Parece que, en Internet, todo está permitido.

 

No vale sólo con estar informados como la mejor prevención ante el fenómeno sectario. Información nos sobra, estamos saturados de ella… y es imposible conocer todas las sectas que hay –miles, no lo olviden–. Hoy urge la formación, tener criterios para discernir las ofertas de lo que se nos ofrece y que parece bueno, verdadero y bello. Es necesario fortalecer la familia, el mejor antídoto frente a las sectas, y educar personas maduras. Y no olvidemos algo esencial: por parte de la Iglesia, por parte de los creyentes, el cultivo de la fe y su transmisión (evangelización), debe ser tarea prioritaria. Un corazón lleno de Dios no buscará burdas imitaciones, ni se dejará atrapar por sucedáneos.

 

 

Autor: Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES)

Fuente: RIES