Las trampas de la Magia

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Magia

Todo y cualquier tipo de recurso dirigido al demonio es condenable, independientemente de lo que se quiera lograr por medio de él. Todas estas prácticas, sean magia, hechicería, encantamientos, rituales, amarres etc. son en realidad maleficios. Y todo maleficio involucra dos grandes errores o pecados, a lo menos.

 

 

La Magia, tanto la denominada Magia Negra o la que se oferta como Magia Blanca, es siempre un medio que se utiliza para comunicarse con lo oculto y operar por medio de él. La magia es uno de los principales frutos del ocultismo. Podemos decir lo mismo sobre la Hechicería y los Ritos Satánicos, a causa de la analogía que tienen entre sí.

 

El famoso exorcista Gabriele Amorth enumera, según su gravedad, tres formas de ocultismo en este orden: Magia Negra, Hechicería y Ritos Satánicos, cuya expresión más deplorable y extrema ocurre en las denominadas: Misas Negras. Formas del ocultismo que tienen por característica común intentar hacer un maleficio que afecte a determinada persona o situación, confiando el resultado –sea mediante fórmulas mágicas, mediante rituales o por evocaciones– a los demonios.

 

No hay diferencia, como ciertos brujos o hechiceros pretenden, entre la Magia Blanca (que es la magia que se supone no tiene intención de perjudicar a alguien, sino solo de obtener algún tipo de beneficio para uno mismo) y la Magia Negra (que es la magia hecha con la intención de perjudicar a alguien).

 

Todo y cualquier tipo de recurso dirigido al demonio es condenable, independientemente de lo que se quiera lograr por medio de él. Todas estas prácticas, sean magia, hechicería, encantamientos, rituales, amarres etc. son en realidad maleficios. Y todo maleficio involucra dos grandes errores o pecados, a lo menos.

 

Primero, contra el propio Dios tal como lo enseñan las escrituras: “A Yahveh tu Dios temerás, a él le servirás…” (Dt 6,13); o como en otros pasajes donde se advierte: “No os dirijáis a los nigromantes, ni consultéis a los adivinos haciéndoos impuros por su causa…” (Lv 19,31); “Todo hombre o mujer que llame a los espíritus o practique hechicerías morirá. Los apedrearán y su sangre caerá sobre ellos…” (Lv 20,27) y así muchas otras citas bíblicas que podrían ser citadas…

 

Y el segundo error que involucra todo maleficio o ejercicio de cualquier tipo de magia es el atentado contra la caridad y la justicia, toda vez que involucra un perjuicio o intento de violar el libre albedrío de nuestro prójimo.

 

Las tres motivaciones habituales por las cuales una persona accede a utilizar los recursos de la magia son: el miedo, la curiosidad y el poder. Es oportuno dejar muy claro que todo y cualquier tipo de magia, de ocultismo, involucra entrar en comunión con el demonio y con sus obras. Además, el contacto con algunos tipos de magia puede sin duda alguna facilitar la posesión diabólica.

 

En general las personas que practican cualquier tipo de magia pretenden dominar y controlar, cuando en realidad están sirviendo directamente a Satanás y los demonios, entregando muchas veces su cuerpo y alma a estos seres espirituales.

 

Las personas que demandan los servicios de la magia en su gran mayoría suelen estar padeciendo problemas familiares, en el trabajo, problemas afectivos o de enfermedades. ¡Son personas que interiormente tienen una gran aflicción interior y que, también por ello, sin pensar en las consecuencias, buscan soluciones para aquello que las aflige! El demonio sabe reconocer a las personas desesperadas y se aprovecha de ello para atraparlas y mantenerlas bajo su dominio.

 

Por tanto, hay que estar atentos, advertir a nuestros amigos, parientes y personas queridas para evitar que –en los momentos de aflicción o por simple curiosidad– pudieren ser atrapados por el mal, por la Magia y sus secuaces que se benefician de la debilidad e ignorancia de muchos.

 

 

Autor: Danilo Gesualdo

Fuente: Comunidade Canção Nova